De pronto pasos extraños escucho en la parte baja de la casa. Las ollas de la cocina sonaron tan fuerte que se paralizo de miedo. El crujir de la madera subiendo las escaleras podía sentirse, al igual que una siniestra presencia. Cuando abrió la puerta de su dormitorio para saber quien estaba afuera, un espasmo terrorífico la sobrecogió al ver el pasillo totalmente vacío. Para Laura Medina, resultaba agobiante estar sola y más aún en la noche, aunque después de lo que ocurrió. Era lo menos que podía esperar.
Horas antes tuvo una de esas
peleas en donde ninguno estaba dispuesto a
ceder. Laura era de carácter explosivo, además
sufría de celos enfermizos. Sin embargo; su esposo,
Daniel Gonzales, soportaba con una
calma condescendiente aquellos momentos
difíciles, aun sabiendo que todo llega a su límite.
La llamada de una compañera del trabajo al
celular de Daniel, había enfureció a Laura, quien sin tapujos lo
insulto cuestionando una y otra vez con insistencia
demencial el atrevimiento de aquella llamada. – Si me
pongo celosa es porque te amo- era su
justificación de siempre. Pero aquella fría mañana de
sol apagado; fue distinta. Solo se escucho
el sonido ensordecedor de un plato reventado con furia en el piso, y el grito
agónico de Daniel –
me tienes cansado. Si te he soportado tanto tiempo es porque te amo, pero hasta
hoy te aguante. Me largo- y
con la misma fuerza cerró la puerta para marcharse en
su vehículo.
Laura solo pudo tragarse cada palabra que
deseaba decirle y encerrada en su dormitorio lloro de coraje hasta quedar
sin lágrimas. A momentos tenia deseos de llamarlo y
pedirle perdón, pero su orgullo era
más fuerte. Al punto de rechazar una llamada de su esposo en ese momento. Así
pasaron las horas.
Al final de aquel pasillo vacío, podía
verse un relejo de luz salir por la rendija de la puerta, en el cuarto
de huéspedes. Lentamente se acercó con la piel erizada de miedo, abrió la
puerta y en medio del dormitorio estaba Daniel, a media luz a penas se podía
ver su cuerpo. la reacción de Laura era de esperarse– que haces ahí
parado, casi me matas del susto; eso es lo que quieres matarme- Daniel
petrificado solo dijo – perdóname … perdóname...- aquel
silencio se interrumpió por el sonido del teléfono en la sala -
me dejas todo el día sola y quieres que te perdone, estoy muy resentida- gritaba
Laura mientras el incesante sonido del teléfono persistía –
dime algo Daniel porque te callas- reclamaba
Laura - perdóname… – Era lo único que
repetía una y otra vez. Al tiempo que llego a perturbar el consecutivo sonar
telefónico. – Teléfono del demonio quien puede molestar a estas horas- bajo
diciendo Laura, quien furiosa contesto:
- halo
-
- buenas
noches con
la Sra. Laura Medina-
- si
dígame, con la misma-
- señora,
sé que es difícil esto; pero su esposo tuvo un accidente de tránsito. Esta
muerto –
Fue cuando entendió que el
espíritu de su esposo solo buscaba despedirse. Y sintió un profundo dolor de
arrepentimiento al enterarse que aún con vida, Daniel intento llamarla; pero nunca
escucho su voz por última vez

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